Guía de plagas – Chinches

Las chinches son unos parásitos hematófagos, que se nutren de la sangre de humanos y otros animales de sangre caliente. Hay muchos tipos de chinches especializadas en atacar a distintos animales y plantas, pero las que más nos interesan son las de las camas, pues atacan a humanos y transmiten distintas enfermedades (Chagas, hepatitis B…), además de resultar muy molestas.

Nadie está a salvo de que una chinche penetre en su hogar, no es un evento que dependa de la mala higiene, sino de la casualidad de toparse con alguna en algún lugar y meterla en casa sin darnos cuenta.

Normalmente se alimentan cada 5 o 10 días, pero lo más alarmante es que pueden vivir hasta un año sin beber una gota de su sangre en un estado de letargo. La alimentación les lleva cerca de 10 a 15 minutos a los adultos y menos a las ninfas.

chinches

Los huevos de las chinces son visibles al ojo humano, y maduran en 1 o 2 semanas. Completar el desarrollo desde huevo a adulto dura de cuatro semanas a varios meses dependiendo de la temperatura y la cantidad de alimento disponible.

Además de las enfermedades que pueden transmitir y de la molesta picadura, hay que destacar que aunque lo normal sea que las picaduras sean pequeñas y sin características especiales que la diferencien de las de otros insectos, hay personas que sufren una reacción grave, dándose una reacción anafiláctica fuerte que requiere tratamiento médico.

Estos pequeños seres necesitan para vivir un clima seco y cálido (no menos de 10ºC). Suelen esconderse en recovecos en los que crian (rodapiés, huecos en los colchones, huecos en las persianas, trás el papel de la pared, aprovechan también los conductos de electricidad o agua…)

Atacan por la noche, con nocturnidad y alevosía, ¡En tan sólo 10 minutos pueden chupar 7 veces su peso en sangre y poner huevos (hasta unos 200 al día)!

Son atraídos por el calor y nuestra respiración (por el dióxido de carbono que liberamos), así es como nos encuentran. Al picar inyectan un anestésico, por lo que la picadura tarda bastante en notarse.

Hay distintas vías de control, pero hay que llevarlas a cabo por profesionales, tanto por los productos empleados como porque son muy hábiles en esconderse, y si queda alguna podría criar con rapidez, quedando el problema sin solucionar.